El suéter de Evo…
Divagaciones sobre la simbología del poder
Mañana domingo 22 de enero, Bolivia vivirá uno de los acontecimientos políticos más significativos de su historia,
cuando Evo Morales asuma el cargo de Presidente de la República. Más allá de las repercusiones políticas que ello pueda traer –tanto al interior de Bolivia, como en su relación con el vecindario-, me quiero detener en un hecho que tras la elección pareció tener más repercusión que la elección misma o su gira por cuatro continentes.
Durante dicha gira, una de las principales críticas que el ‘mundo civilizado’ le hizo al líder campesino, fue su poco apego al protocolo, fundamentalmente por utilizar en varios de sus encuentros con mandatarios el mismo suéter de alpaca.
En España, un ex director de la Escuela Diplomática se horrorizó porque el Rey, poco menos que se ‘rebajó’ al recibir a un personaje “carente de de cultura vestimentaria”… mal tampoco lo hizo el propio Juan Carlos II, al señalarle que “ya
irás aprendiendo”… aprendiendo qué?... a vestir como los patrones o los dueños del mundo?... espero que Evo nunca ‘aprenda’; por lo mismo, valoro tremendamente las palabras de Saramago que al escuchar los comentarios sobre el mentado suéter, los calificó de “soberbia estúpida de los pueblos civilizados”.
Esto parece más bien un retroceso en las formas de relacionarse, donde los europeos aún se creen una civilización superior frente a los ‘indiecitos sudamericanos’… en el fondo, esta es una discusión estética propia de las formas que utilizan los dominadores para mantener y reproducir su poder y en el caso puntual de lo sucedido con Evo, lo ‘problemas de incivilización’ provienen por ser él alguien que siempre ha criticado –en
pensamiento y acción- el capitalismo, eso sin contar su origen humilde.
Leía, a propósito de este mismo tema, a un columnista de La Nación argentina, quien reflexionaba que los mismos que criticaron a Evo por su forma de vestir, jamás han tenido quejas con los numerosos jeques árabes que se relacionan con la ‘crème’ del poder mundial, luciendo sus turbantes y túnicas de seda, “cargadas con hebras de oro, pagadas con petróleo”… poderoso señor ‘don dinero’ y los petrodólares.
“El presidente afgano post talibanes, Hamid Karzai, quien recorre Occidente vestido con capa y birrete de piel de fauna salvaje en extinción pulida por peleteros de rango, es reconocido como un dandy de suprema elegancia. Y nadie objeta ese contraste entre esa distinción vestuaril del gobernante y la de sus gobernados nómades cubiertos con piltrafas”, dice Orlando Barone.
Volviendo a lo central, el punto radica en que las formas tal vez tienen mucha más importancia de la que comúnmente le queremos dar (‘la imagen es nada; la sed es todo’, nos dice Sprite, pero creo que se equivoca), por cuanto el ‘look’ de Evo, tampoco es el de un Aymará, sino, ¡¡¡Ohhh, terror!!!, el de un obrero que ahora gobernará la nación más atrasada económicamente de
Sudamérica.
Si Evo hubiese hecho esas visitas vestido a la más tradicional usanza Aymará, nadie se hubiese atrevido a cuestionarle su vestimenta, porque habría lucido ‘very tipical’, inofensivo y por el contrario, estarían todos alabándole el buen gusto, recordando que el hombre no olvida sus raíces ‘indias’, bla, bla, etc., etc.
Y prueba de ello basta recordar a Mandela y sus camisas multicolores; los trajes con que Rigoberta Menchú se pasea por el mundo o nuestros más cercanos ponchos y trariloncos que Aukán ha llevado incluso a la ONU.
Volviendo a Barone, “lo inusitado era ver a un peón, en el lugar donde debería haber un patrón”… y eso me recuerda algunas historias que se contaban en las postrimerías de la dictadura pinochetista, cuando en plena campaña electoral, a Florcita Motuda, por entonces
candidato a diputado por Villarrica, Pucón y ciudades aledañas, se le insistía que si no vestía como los patrones tenía cero posibilidad de ser electo… la grosera realidad le dio la razón a sus ‘asesores’… a pesar que el ‘Flor’ trató de mantener una imagen más cercana a la gente común y corriente, enterrando sus ‘marcianescas vestimentas’, obtuvo una mísera votación. En estos días, tras el triunfo de la ahora ‘Señora Presidenta’, en la derecha más de alguna voz se alzó criticando el hecho de que su candidato Piñera se hubiese sacado la corbata… a buen entendedor, pocas palabras.
El poder, tiene sus propios códigos de imagen y forma, los que utiliza para validar lo que representa, naturalizando la división social entre dominadores y dominados: políticos y votantes, patrones y obreros, clero y feligresía, jueces y ciudadanos, hombres y mujeres. Como dice Sabino Cuadra Lasarte, columnista del diario vasco Gara, “tras
ello se halla la concepción de las instituciones y la política como algo ajeno al pueblo; del trabajo como algo sometido a los intereses de la propiedad, no de las personas; de la justicia como algo complicado reservado a sesudas personas; de la religión, como propiedad de druidas de todo tipo, intérpretes sumos de la voluntad de cualquier dios; del género como adscripción desigual y jerarquizada de cada sexo a distintas funciones sociales”.
Mientras, espero que Evo no termine encorbatado como Lula y mantenga su suéter obrero, porque será él quien lo proteja, cual chaleco antibalas, de los embates del neoliberalismo…
Mañana domingo 22 de enero, Bolivia vivirá uno de los acontecimientos políticos más significativos de su historia,
cuando Evo Morales asuma el cargo de Presidente de la República. Más allá de las repercusiones políticas que ello pueda traer –tanto al interior de Bolivia, como en su relación con el vecindario-, me quiero detener en un hecho que tras la elección pareció tener más repercusión que la elección misma o su gira por cuatro continentes.Durante dicha gira, una de las principales críticas que el ‘mundo civilizado’ le hizo al líder campesino, fue su poco apego al protocolo, fundamentalmente por utilizar en varios de sus encuentros con mandatarios el mismo suéter de alpaca.
En España, un ex director de la Escuela Diplomática se horrorizó porque el Rey, poco menos que se ‘rebajó’ al recibir a un personaje “carente de de cultura vestimentaria”… mal tampoco lo hizo el propio Juan Carlos II, al señalarle que “ya
irás aprendiendo”… aprendiendo qué?... a vestir como los patrones o los dueños del mundo?... espero que Evo nunca ‘aprenda’; por lo mismo, valoro tremendamente las palabras de Saramago que al escuchar los comentarios sobre el mentado suéter, los calificó de “soberbia estúpida de los pueblos civilizados”.Esto parece más bien un retroceso en las formas de relacionarse, donde los europeos aún se creen una civilización superior frente a los ‘indiecitos sudamericanos’… en el fondo, esta es una discusión estética propia de las formas que utilizan los dominadores para mantener y reproducir su poder y en el caso puntual de lo sucedido con Evo, lo ‘problemas de incivilización’ provienen por ser él alguien que siempre ha criticado –en
pensamiento y acción- el capitalismo, eso sin contar su origen humilde.Leía, a propósito de este mismo tema, a un columnista de La Nación argentina, quien reflexionaba que los mismos que criticaron a Evo por su forma de vestir, jamás han tenido quejas con los numerosos jeques árabes que se relacionan con la ‘crème’ del poder mundial, luciendo sus turbantes y túnicas de seda, “cargadas con hebras de oro, pagadas con petróleo”… poderoso señor ‘don dinero’ y los petrodólares.
“El presidente afgano post talibanes, Hamid Karzai, quien recorre Occidente vestido con capa y birrete de piel de fauna salvaje en extinción pulida por peleteros de rango, es reconocido como un dandy de suprema elegancia. Y nadie objeta ese contraste entre esa distinción vestuaril del gobernante y la de sus gobernados nómades cubiertos con piltrafas”, dice Orlando Barone.
Volviendo a lo central, el punto radica en que las formas tal vez tienen mucha más importancia de la que comúnmente le queremos dar (‘la imagen es nada; la sed es todo’, nos dice Sprite, pero creo que se equivoca), por cuanto el ‘look’ de Evo, tampoco es el de un Aymará, sino, ¡¡¡Ohhh, terror!!!, el de un obrero que ahora gobernará la nación más atrasada económicamente de
Sudamérica.Si Evo hubiese hecho esas visitas vestido a la más tradicional usanza Aymará, nadie se hubiese atrevido a cuestionarle su vestimenta, porque habría lucido ‘very tipical’, inofensivo y por el contrario, estarían todos alabándole el buen gusto, recordando que el hombre no olvida sus raíces ‘indias’, bla, bla, etc., etc.
Y prueba de ello basta recordar a Mandela y sus camisas multicolores; los trajes con que Rigoberta Menchú se pasea por el mundo o nuestros más cercanos ponchos y trariloncos que Aukán ha llevado incluso a la ONU.
Volviendo a Barone, “lo inusitado era ver a un peón, en el lugar donde debería haber un patrón”… y eso me recuerda algunas historias que se contaban en las postrimerías de la dictadura pinochetista, cuando en plena campaña electoral, a Florcita Motuda, por entonces
candidato a diputado por Villarrica, Pucón y ciudades aledañas, se le insistía que si no vestía como los patrones tenía cero posibilidad de ser electo… la grosera realidad le dio la razón a sus ‘asesores’… a pesar que el ‘Flor’ trató de mantener una imagen más cercana a la gente común y corriente, enterrando sus ‘marcianescas vestimentas’, obtuvo una mísera votación. En estos días, tras el triunfo de la ahora ‘Señora Presidenta’, en la derecha más de alguna voz se alzó criticando el hecho de que su candidato Piñera se hubiese sacado la corbata… a buen entendedor, pocas palabras.El poder, tiene sus propios códigos de imagen y forma, los que utiliza para validar lo que representa, naturalizando la división social entre dominadores y dominados: políticos y votantes, patrones y obreros, clero y feligresía, jueces y ciudadanos, hombres y mujeres. Como dice Sabino Cuadra Lasarte, columnista del diario vasco Gara, “tras
ello se halla la concepción de las instituciones y la política como algo ajeno al pueblo; del trabajo como algo sometido a los intereses de la propiedad, no de las personas; de la justicia como algo complicado reservado a sesudas personas; de la religión, como propiedad de druidas de todo tipo, intérpretes sumos de la voluntad de cualquier dios; del género como adscripción desigual y jerarquizada de cada sexo a distintas funciones sociales”.Mientras, espero que Evo no termine encorbatado como Lula y mantenga su suéter obrero, porque será él quien lo proteja, cual chaleco antibalas, de los embates del neoliberalismo…
pewkayal
“Hoy ceno contigo, hoy revolución”
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