Si queremos, podemos… Colo Colo campeón. Vote feliz

Terminó el fútbol. La elecciones a la vista y el pueblo está feliz, no por que Piñera gana en 1ª vuelta o que Frei será su competidor en el ballotage… El albo es campeón ratificando la mala costumbre de ganar.

17.40 horas. Precaviendo un lleno total, llego más temprano de lo habitual al ‘boliche’ donde por lo general voy a ver el fútbol que las televisoras del capitalismo (CDF y FOX) me prohíben. A esa hora no más de una quincena de hinchas nos repartimos entre las mesas que se distribuyen por los tres espacios (sería pretencioso decir ‘ambientes’) que tiene el local frente a la Plaza de Armas.

Pido una cerveza de litro que pretendo dure todo el partido. A falta de 10 minutos del inicio del UC – Colo Colo, el local ya está casi lleno y en la mesa donde me he sentado, un hombre ya mayor me pregunta “¿está ocupado?”, y mientras le hago un negativo movimiento de cabeza, se sienta a mi lado con un vaso de cerveza.

Un par de minutos después, otra persona joven se ubica en la mesa que temprano creía sería sólo para mi. A esa altura, el local ya tenía un ‘lleno hasta las banderas’ como diría un creativo informador de cancha, la mayoría hinchas del ‘albo’, precisamente con banderas, camisetas y lienzos.

Colo Colo sale a la cancha y el estruendo del centenar de hinchas retumba más que el audio de los tres televisores y un equipo de amplificación que nos traen los relatos monótonos de Palma y los comentarios llenos de obviedades y lugares comunes de Goldberg.

Empieza a rodar la pelotita y el primer golpe nos llega pleno al mentón. Valenzuela pone el 1 a 0 para la UC y los murmullos de pesadumbre, más los gritos de unos cuantos hinchas cruzados, incluido a mi ya mayor ocasional comensal, los apagamos con un buen trago de cerveza. La tensión se rompe cuando Aránguiz pone el empate, y mi compañero de mesa, con la sabiduría que de seguro le dan los años, balbucea un “puta los hueones malos”.

El juego sigue, Colo Colo comienza a dominar y la tensión se siente en el ambiente, mientras lo único que logra sacar los ojos de la pantalla son las ondulantes caderas bien chilenas de la mesera que se contornea entre las mesas reponiendo el zumo de cebada o llevando el buen completo, el más popular menú del día futbolístico.

El ‘Chino’ Millar, Sanhueza y Macnelly ganan el mediocampo, mientras Miralles prolonga su paseo por la zaga de la UC, cuando Paredes se saca a Henríquez, enrumba frontal al arco, túnel a Martínez y ya tenemos el 2 a 1 que desenreda la madeja de nervios que teníamos los colocolinos a esas alturas. “Otra vez segundos”, refunfuña mi vecino católico ya casi resignado y poco a poco alabando las jugadas del Colo.

Llega el descanso. Las carreras al siempre poco higiénico baño, la reposición de la botellas ya vacías, y un momento para el regocijo mientras disfrutamos la repetición de los goles.

Segundo tiempo: la UC empata y muchos pensamos que el alargue será una realidad, sin contar con que la tarde inspirada de Paredes dejaría al Albo con el título en el bolsillo y ese centenar de hombres, mujeres y niños, la mayoría de los cuales de seguro se arrancaron antes del trabajo, cantan al unísono con la Garra Blanca, los “jamás, jamás…”. Pienso que si mis ocasionales compañeros estuvieran en el estadio, lo harían junto a la vilipendiada barra, lo que de seguro los transformaría en delincuentes y desadaptados sociales para los Bianchis, Guarellos, Solabarrietas o Carcuros.

Al final, el gol del clon de Suazo hace más placentero el triunfo; en algunas mesas la cerveza ya no basta y aparece la burguesa champaña, mientras el dueño del local desde la barra deja el volumen del televisor en cero y echa a sonar los acordes del “Cantemos todos de Arica a Magallanes…”. En la calle, los bocinazos anuncian a todo el pueblo el nuevo triunfo.

Mientras, pienso en lugares tan habituales como que de seguro “mañana la marraqueta será más grande y el café más dulce” y la alegría alcanzará hasta el domingo cuando obligados por la ley de los poderosos, pero felices por el albo campeón, iremos a votar.

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